Los enamoramientos. Javier Marías.
Fotografía de Cristina Ruiz Olavarrieta, CC0.
Los enamoramientos
Javier Marías
Crítica
Saqué Los enamoramientos de la biblioteca por azar. Estaba buscando el
primer libro de Javier Marías, Los
dominios del lobo, a partir de escucharlo en un reportaje sobre Roberto
Bolaño. Se decía que junto con otra publicación de Vila-Matas, el libro supuso
un cambio en la literatura peninsular y parecía interesante. Además no había
leído nada de Javier Marías, y aunque aún no hayan caído Corazón tan blanco o Tu
rostro mañana, aquí dejo mis impresiones sobre Los enamoramientos, el libro que no pude evitar coger finalmente.
Nota antes de empezar a leer
He dividido el texto en partes.
Pueden leerse de manera independiente incluso saltando algunas partes enteras,
como el argumento, que no recomiendo a quien no quiera saber absolutamente toda
la trama del libro de principio a fin.
Argumento desarrollado de toda la trama
Los enamoramientos es para mí la historia de una muerte y de un
amor y sus repercusiones, todo indescifrablemente enlazado. Precisamente en
este libro se dice que la verdad es siempre una maraña, y tomo la palabra para
afirmar que algo así sería la forma de desenvolverse de esta historia: una
maraña. María es una joven que todas las mañanas desayuna en una cafetería tras
salir de su gris trabajo en una editorial. Se trata de su momento de coger
fuerzas y lo consigue gracias a un matrimonio con el que siempre coincide: su
relación sana y viva, y la impresión que esta causa en María, es suficiente
para toda una reflexión sobre la complicidad entre dos personas, sobre el amor
conyugal en su estado más puro. Es suficiente también para que María quiera ir
a ver desarrollarse ese amor cada mañana, sin embargo nunca llega a entablar
una conversación con ellos.
Un día él fallece de manera
accidental acuchillado por un carterista que lo confunde con otra persona a
quien sí quería matar. El accidente sale en todos los periódicos de manera que
María se entera y decide, ahora sí, probar un acercamiento a Luisa, la mujer de
la cafetería que ahora se había quedado viuda. María descubre que también ellos
sabían de la existencia de ella y que de hecho la llamaban cariñosamente La
joven Prudente. La buena relación que se establece y también la necesidad de
Luisa de obtener cualquier tipo de consuelo hacen que invite a María a su casa.
Allí la protagonista conoce que
hay una tercera persona importante en la vida del matrimonio: Díaz-Varela, un
hombre tan atractivo como protector, pues era el mejor amigo de Desvern o
Deverne (el fallecido de nombre siempre ambiguo) y parece dispuesto a hacerse
cargo de la soledad de la viuda y los hijos del matrimonio (porque tenían dos
hijos pequeños también). María y Díaz Varela se encuentran fuera de esa casa un
tiempo después y a partir de ahí comienzan a verse con cierta frecuencia. María
se enamora de él, aunque no ocurre lo mismo al contrario, según lo que para
María es el enamoramiento. María sabe que Díaz-Varela ama a otra mujer y que
pasa el tiempo con ella. Esa mujer es Luisa, a quien ella no vuelve a ver, pero
él sí. Con frecuencia cotidiana la llama, la visita, lleva a los niños al
colegio.
Un día, María se queda dormida en
casa de Díaz Varela y escucha por accidente una conversación fatal, una conversación
que cambiará toda su idea de lo que conoce. A partir de una visita inesperada a
Díaz Varela, María escucha que él y su socio han programado el asesinato de Desvern
o Deverne. Asustada e impactada, María reacciona saliendo de la habitación como
si no hubiese escuchado nada, lo cual funciona durante unos días. Pero él se da
cuenta y vuelve a llamarla, esta vez para verse de manera urgente. Efectivamente, el indestructible Díaz Varela ha
descubierto por un descuido de María que conoce la verdad y puestos a saber, se
lo cuenta todo. Según Díaz Varela, Deverne estaba gravemente enfermo y no
soportaba la idea de morirse de tal causa, haciendo pasar a su familia por el
duro trámite de la enfermedad. Así, encarga su muerte a su mejor amigo, Díaz
Varela, y le pide que sea de forma inesperada. De esta manera se programa el
asesinato por parte del carterista, en colaboración de su socio Ruíberriz.
Pero María sabe que Díaz Varela
ama a Luisa y que desea sustituir a Desvern, él mismo se lo confiesa. Esto siembra
la duda en ella. ¿Cuál es la verdadera causa del asesinato de Desvern? ¿Debe María
introducirse de manera activa en esta historia y frenar la relación de Luisa y
su amante?
Rápidamente opta la protagonista
por el no, por la abstención del
todo, por el olvido. Y así cierra página con su amante, siguiendo su vida de
escritores y publicaciones que, según ella lo ve, son trámites y horas en
oficina. Como colofón, durante una cena, se percata de que junto a su mesa
están Díaz Varela y Luisa cenando. Ella se acerca a saludar, aunque solo saluda
a Luisa, y finge (ambos lo hacen) que no conoce a Díaz Varela, el nuevo marido
de Luisa.
Un argumento justo, no
excesivamente enrevesado, aunque con su dosis precisa de tensión, situación
extravagante (un asesinato, sexo, enamoramiento, intereses) y una salida de
todo, podríamos decir, realista. Nada de heroicidades clásicas, nada de
situaciones novelescas, se opta por el olvido y por seguir el curso de las
cosas, se opta por lo fácil y seguro. Ese toque de desencanto y fragilidad ante
la vida.
Estilo
En cuanto al estilo, se trata de
un fluir lento, algo así como un libre flujo de conciencia que relajadamente se
desliza entre cada acontecimiento importante en la trama. Toda una reflexión
literaria sobre los grandes temas de la Historia del Arte, de la Humanidad, la
muerte, el amor. La sintaxis es más bien larga, sin prisas, el léxico fino y
variado, podríamos decir que se trata de un estilo complejo pero elegante, sin
excesos de complejidad en la expresión de ideas tan abstractas como pueden ser
las relativas al amor y a la vida, pero dándose el tiempo de saborearlo todo,
de experimentar y darle la vuelta a cada emoción y cada acontecimiento. Un
ejemplo de este detenimiento es la introspección que dedica a cada personaje que
aparece en la novela, incluso a algunos secundarios como los hijos de Luisa y
Miguel Desvern, en mi opinión, una delicia sobre cómo un niño vive la muerte de
un padre.
Cabe destacar, en relación al
estilo y la trama, lo que en mi opinión es el punto de inflexión de la novela: el
momento en que María descubre que Díaz Varela ha asesinado a Miguel. La astucia
del autor a la hora de introducir el elemento del sujetador me parece
particularmente ingeniosa. La aparentemente insignificante decisión de la protagonista
de ponerse el sujetador para salir al salón es desde mi punto de vista todo un
acierto, tratándose además de una prenda tan particularmente femenina. El
motivo por el cual Díaz Varela descubre que María sí ha escuchado la
conversación fatal es que en lugar de salir al salón tal y como se había
quedado dormida, es decir, exclusivamente llevando puesta la falda- como era
costumbre en ellos- opta por ponerse un sujetador para salir. Como si le diera
vergüenza, como si supiera que había alguien más y deseara cubrirse aunque
fuera lo más mínimo. La astucia reside en que María piensa en cómo salir al
salón para que no se den cuenta de que lo ha escuchado todo y se debate entre
salir tal cual se había quedado dormida o ponerse el sostén. Y elige lo segundo
por un motivo tan cotidiano como que a toda mujer daría vergüenza salir con el
pecho sin cubrir, incluso después de un encuentro en que claramente esa zona
del cuerpo ha estado descubierta.
Es todo un acierto que la
decisión que ella había tomado precisamente para no ser descubierta sea
justamente lo que la delate. En la vida se toman decisiones absurdas para
intentar ocultar la verdad, pero siempre dejamos huellas, siempre nos
equivocamos al mentir, las personas percibimos signos ocultos de la mentira, es
muy fácil hacerlo, y cualquier lógica se queda corta, pues siempre existe la
premisa contraria. En este caso, todo se desencadena partir de un sujetador, de
una mujer que sale al salón vestida con una falda y un sujetador.
Narrador
En este punto en el que se ha
introducido una reflexión sobre un elemento que he dicho que resulta
particularmente femenino, es el momento de hablar del narrador. Se trata de un
narrador homodiegético, en primera persona, una narradora. Ella es la que
filtra todos los acontecimientos y quien nos da todas sus impresiones. Ella es
quien se relaciona con todos los personajes y quien sabe la mayor parte de la
verdad aunque, como ya hemos dicho se desprende del libro, esta sea una maraña.
El autor da un protagonismo completo a esta voz femenina, que cargada de
decisión y fuerza en la toma de toma sus
decisiones y derribada por el amor y el peso de la realidad, se entrega a lo
que le viene con la libertad y la potencia de sentimientos de cualquier ser
humano.
Temática
Y lo más interesante del libro es
la temática o el tratamiento de la temática. Muerte y amor, dos de los grandes
temas de la literatura.
La muerte
Aunque el libro tenga el título
de Los enamoramientos, en realidad
toda la trama se desarrolla a partir de una muerte y grandes de los parlamentos
del narrador al respecto son en relación a la muerte. La muerte y sus variados
subtemas. Así, se tratan aspectos como el dolor de una muerte repentina (para
la familia, la esposa y los hijos) pero también el deseo de morir que confiesa
Desvern o Deverne.
Una interesante reflexión que se
plantea reiteradas veces a lo largo de la novela es el no-retorno de la muerte,
la idea de que es mejor que los muertos
no regresen nunca. Pese al dolor, el giro vital abrumador que supone la pérdida
de un ser querido, acabamos rehaciendo nuestras vidas sin ellos, creamos otro
tipo de vínculos y formas de organizarnos para las cuales el retorno del ser
que tanto mal nos supuso perder podría resultar un problema a la larga. Una vez
perdido el esposo no merece la pena estancarse en el deseo de retorno, primero
porque nunca va a volver, segundo porque su vuelta supondría un desajuste a fin de cuentas.
¿Y los niños? ¿Cómo vive la
muerte de un padre un niño? Este es un subtema que no se trata con especial
relevancia en la novela pero al que el autor dedica una destacable reflexión. A
mí me parece particularmente desoladora. En su conversación con María, Luisa
confiesa que se le hace duro el cuidado de los niños y que a veces es su hija
mayor quien parece que la protege a ella. Cuando se separan la niña parece
preocuparse más que antes, aunque sea para ir al colegio, cuando ve a su madre
distraída la niña interviene... Y lo más interesante de todo: cuando falleció
su padre la niña dijo ‘¿lo ves? ¿lo ves?’ y con ello quería afirmar ese
sentimiento que deben tener todos los niños cuando les sucede la pérdida de un
padre. Porque todos los niños se plantean qué pasaría si eso pasase y todos los
padres responden: eso no va a pasar. Pero a veces pasa.
El último aspecto en relación a
la muerte que me gustaría resaltar es el del asesinato. ¿Díaz Varela asesina a
su mejor amigo? Se trata de uno de los puntos ciegos de esta novela. Es cierto
que Desvern pidió tal muerte, podría tratarse casi de un favor. Pero el caso es
que hay una ordenanza de muerte, hay un brutal asesinato a navajazos, hay una
mano decisora de en qué momento se morirá. En este momento y no un poco más tarde, como dice la frase de
Shakespeare también reiteradas veces mencionada en el libro, Desvern va a morir
y él no lo sabe.
A propósito de esto, el autor
saca a relucir un capítulo de Los tres
mosqueteros de Dumas, maravillosamente titulado Escena conyugal. Athos confiesa a d’Artagnan que en el pasado colgó
a su mujer de una soga porque llevaba una flor de lis en el hombro, marca de
ladronas y prostitutas. Lo relevante de esta historia, y así se señala en el
libro, es la respuesta de Athos a la escandalizada reacción de d’Artagnan. Me
tomo el placer de reproducirla tal y como la cita Marías:
‘¡Cielos
¡Athos!¡Un asesinato!’ A lo que Athos responde misteriosa o más bien
enigmáticamente: ‘Sí, un asesinato, no más’. (En la página 268, por si
interesa)
Y se concluye el relato.
Marías añade (más bien el
narrador añade)”Lo misterioso o incluso enigmático es ese ‘no más’, en francés
‘pas d’avantage’.” Nada de
arrepentimiento extremo, una simple justificación... simplemente, un asesinato,
no más.
Podríamos decir que así es como
reacciona o quiere reaccionar Díaz Varela, ejecutar la misión, dar la orden,
lavarse las manos y conquistar a Luisa olvidando ese tema, no permitirse pensar
como d’Artagnan, sino como Athos. Un asesinato, no más.
María, por su parte, en relación
a esta historia se pregunta:
¿Por qué no
soy capaz de atarle las manos a la espalda al hombre que amo y colgarlo de un
árbol sin más, si me consta que ha cometido un crimen odioso (...)? (página
269)
Esta es una de
las maravillas del libro, de un solo capítulo de Los tres mosqueteros el narrador es capaz de sacar conclusiones
desde el punto de vista de distintos personajes. Igual con el coronel Chabert
(que también menciona reiteradas veces a lo largo del libro) o la frase de
Shakespere, he sould have died thereafter.
Pinceladas literarias que conectan la obra y que son explotadas por el narrador
hasta la saciedad. Eso me gusta de la novela: explotar explotar y explotar,
darle las vueltas que haga falta a todo, sin prisas. Y aun así se nos queda esa
sensación de no haber comprendido del todo, esa sensación de que la verdad es
una maraña. Una maraña a la que solo se le puede dar vueltas.
El amor
Vamos al otro
gran bloque temático: el amor. Podríamos pensar que es el gran bloque temático,
pues el título parece apuntar hacia él. Pero en realidad en mi opinión tiene el
mismo peso que la muerte, y de la misma manera presenta algunos subtemas.
En primer
lugar, encontramos la gran reflexión que se extrae del amor- de una forma
particular de amor-en este libro: el enamoramiento es el debilitamiento. Veamos
un fragmento del discurso de Díaz Varela hacia María:
Luego...
para mí es el único modo de reconocer ese término que no lo conocen muchas
lenguas (...): el enamoramiento. El sustantivo, el concepto; el adjetivo, el
estado, eso sí es más conocido (...) Nos hacen mucha gracia muchas personas,
nos divierten, nos encantan, nos inspiran afecto y aun nos enternecen, o nos
gustan, nos arrebatan, incluso nos vuelven locos momentáneamente, disfrutamos
de su cuerpo o de su compañía o de ambas cosas, como me sucede contigo y me ha
sucedido otras veces, unas pocas. Hasta se nos hacen imprescindibles algunas,
la fuerza de la costumbre es inmensa y acaba por suplir casi todo, incluso por
suplantarlo. Puede suplantar el amor, por ejemplo; pero no el enamoramiento,
conviene distinguir entre los dos, aunque se confundan no son lo mismo...Lo que
es muy raro es sentir debilidad, verdadera debilidad por alguien, y que nos la
produzca, que nos haga débiles. Eso es lo determinante, que nos impida ser
objetivos y nos desarme a perpetuidad y nos haga rendirnos en todos los
pleitos, como acabó rendido el Coronel Chabert ante su mujer en cuanto volvió a
verla a solas, te hablé de esa historia, te la leíste. (Páginas 307-308)
El debilitamiento. También los
hijos llegan a debilitarnos (añade a continuación) pero esto es natural: ellos
son débiles por naturaleza y están a nuestro cargo. Pero que una persona
adulta, de fuera de tu entorno, llegue a debilitarte, eso no suele
suceder. Y esto es lo que él siente por
Luisa y por lo que está dispuesto a acercarse a ella.
Pero no es esta la única forma de
amar a alguien. De hecho también se proclama abiertamente en otros fragmentos
de la novela que muchas veces (las más), no llegamos a sentir ese
debilitamiento, ese enamoramiento, y otras tantas lo cambiamos por otros tipos
de amor, nos quedamos con personas con las que nos puede la costumbre, el
cariño. Esto es conocido y resabido. Podemos amar a un cónyuge que no nos
debilita pero sí nos cuida, nos hace reír, nos produce admiración, es un buen
padre o madre para nuestros hijos... Y amarlos durante más tiempo, tener la
voluntad de permanecer a su lado más que con quien nos debilita, si es que
llegamos alguna vez a experimentar enamoramiento por alguien.
Interesante me parece la
reflexión que se hace sobre que el enamoramiento son cosas de novelas, o eso
cree la gente por lo general. Sea como
sea, ya la tenemos, la invención, la palabra y la capacidad para el sentimiento
(página 309). Ya lo tenemos, ya está ahí esa idea, ya está formulada lingüísticamente.
Podemos ponerle nombre a un sentimiento y sentirlo y eso hemos hecho con
muchos, siendo el enamoramiento uno más.
Por otro lado, está el tema del
amor conyugal. Maravilloso es el panorama que se ofrece al comienzo del libro
sobre la relación matrimonial de Luisa y Miguel (Desvern o Deverne), una
relación basada en la complicidad, el buen humor, el compartir, las costumbres
como ir a desayunar todos los días...
Por último, cabe resaltar el amor
de María a Díaz Varela, motor principal de la novela y amor vivido en primera
persona gracias a los monólogos e impresiones de la protagonista-narradora.
¿Qué siente María por Díaz Varela? ¿Está enamorada o simplemente obsesionada?
Ella afirma lo primero aunque no parece situarse en el mismo nivel de interés
de Díaz Varela por Luisa. ¿Es este otro punto ciego de la novela? Yo creo que
sí. Creo que no llega a resolverse y que incluso se diluye conforme se acerca
el final. Cierto es que María no desvela el asesinato que su amante ha
cometido, en principio, por amor a él pero, ¿quién nos dice que el verdadero
motivo no sea el miedo, o la sorpresa mismamente, la sorpresa de verse
entrometida en algo que verdaderamente no esperaba? A veces es mejor dejar las
cosas como están porque nos quedan demasiado grandes. Nada iba a resucitar a
Desvern y además, todo apunta que su muerte fuese realmente su voluntad. Además,
Luisa iba a estar inmejorablemente acompañada el resto de su vida. Alguien iba
a ocupar el puesto de Desvern o Deverne. A veces es mejor no entrometerse en un
sitio donde la ecuación está ya perfectamente encajada, a veces es mejor
incluso abandonar a alguien, por mucho que sintamos por esa persona. Desde el
principio sabemos quién no es para nosotros, para quién estamos de paso. Más
aún si sabemos perfectamente quién está para quedarse, de quién está enamorada
la persona a quien nosotros amamos (de cualquier forma de amor).
Otros aspectos a tratar
Otros temas podríamos resaltar
del libro, por ejemplo, podríamos hacer un análisis pormenorizado de cada personaje
y hacernos interesantes preguntas como ¿por qué sale en esta novela el profesor
Francisco Rico? o ¿por qué siempre se duda del nombre de uno de los protagonistas,
Desvern o Deverne? (yo creo que es un guiño a la evaporación lenta de los
muertos, a la confusión de los recuerdos con el paso del tiempo, ¿realmente
merece la pena ahora preguntar cuál era su verdadero nombre?). O podríamos
analizar los parlamentos de cada uno de ellos. O podríamos analizar la forma en
la que se construye la trama, los acertados saltos temporales que se dan en la
disposición de la misma. Pero hasta aquí está bien.
Conclusión
Una novela profunda y reflexiva,
elegantemente escrita y con un delicado tratamiento de la psicología y las
emociones de los personajes, tan humanos como cualquier lector. La fórmula
perfecta para abordar dos de las grandes ocupaciones vitales del ser humano:
morir (abandonar, sufrir, desvanecerse con el tiempo, sustituir, soportar,
aceptar) y amar (cómplices, obsesionados, devotos, entregados, cómodos,
debilitados o enamorados).
Fdo: Cristina Ruiz
Olavarrieta
Bibliografía:
MARÍAS, J: Los enamoramientos (2011), Alfaguara.
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